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Para Pío Cabanillas hay algo en la naturaleza que siempre le ha fascinado: el hecho de que cualquier movimiento artístico encuentre su expresión en ella. «Cuando vas caminando es el medio el que representa ese arte. Lo único que hay que hacer es verlo», dice. Por eso, siempre habla de ella como si de un artista tímido se tratase, de un pintor tímido que abruma con los grandes paisajes de la misma forma, o más, que con sus casi imperceptibles líneas de azar causadas por el viento o el aire. «Eso tiene una profundidad artística increíble».

Gea es, en ese sentido, la belleza hecha exposición y el detalle convertido en libro. En total, 124 fotografías de 16 países y de más de 80 localizaciones distintas. «Siempre estoy con la cámara encima. Viaje que realizo, viaje que tiro de cámara», bromea Cabanillas que, durante tres años, fue ministro portavoz del Gobierno de José María Aznar. «En política estuve sólo ese tiempo. Es una etapa que terminó hace 12 años y ya está cerrada, mientras que la fotografía siempre ha sido una constante en mi vida».

Su obra, en ese sentido, es fiel reflejo de sí mismo, pero también del mundo que nos rodea, en su potencia más positiva y en la menos catastrófica. «Estamos en un entorno en el que la defensa de la naturaleza es una obligación de todos. Normalmente, solemos hacerlo con fotos muy duras, de destrucción, de desolación, sórdidas o demoledoras, llegando a olvidarnos de cómo era. Esa es mi idea de la belleza: la naturaleza no sólo es las grandes perspectivas sino también los detalles: una concentración de belleza totalmente inaudita. Eso hay que conocerlo para preocuparse y protegerlo», explica el que también fuera director general de Radio Televisión Española, que ha realizado tres exposiciones individuales, entre ellas en PhotoEspaña.

Para ello, centra toda su atención en los matices, en las formas, en el momento. «En cierto modo, se trata de acabar con la escala y construir el lugar», añade sobre sus imágenes, «porque la identificación del espacio no es lo importante, sino la esencia de lo que está compuesto el planeta». De ahí que su fotografía sea tan divulgativa como reivindicativa. «Es una forma de decir: ‘esto es lo que hay y esto es lo que estamos defendiendo’».

De lo que se trata, por tanto, es de aflorar la riqueza oculta, de regodearse en los detalles y descubrir lo extraordinario, las más sutiles señas de identidad del entorno. Así, el libro, que se presentó ayer en La Fábrica, está dividido en tres partes: Estructura muestra la fotografía más clásica, un plano general de lo que son los grandes terrenos en que se divide el planeta; en Forma, el autor empieza a fijarse en las líneas, las formas, las sombras y los contrastes; y en Texturas, en materiales en los que está conformada la Tierra, su esencia.

«Me interesa mucho contar cosas así para que la gente aprecie lo que normalmente pasa desapercibido y busque otra manera de ver la naturaleza que es igual de enriquecedora que la del gran paisaje», reconoce sobre una obra en la que busca tanto provocar la curiosidad haciendo desaparecer la escala, como descubrir sensaciones deteniéndose en las texturas, las sombras y los colores. Todo ello de forma que el agua, el cielo, los minerales, la vegetación, los volcanes o la arena se convierten en generadores de geometrías que a lo largo de la historia del arte los artistas, de manera consciente o inconsciente, han replicado en sus obras. «Cuando viajo, mi objetivo es compartir. Por eso fotografío tanto, porque al mostrarlas también divulgo la belleza de lo que nos rodea».

Fuente: El Mundo