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Entrevista a Pío Cabanillas

 

Pío Cabanillas, nacido en Madrid relacionado profesionalmente con distintos medios de comunicación tanto públicos como privados fotógrafo centra sus trabajos en la fotografía documental y artística explorando la naturaleza en su multiplicidad de colores, texturas y formas, así romo en el reportaje en blanco y negro.

Ha viajado por Asia (India, Pakistán, China Vietnam y Camboya). África (Marruecos, Egipto, República Centroafricana y Kenia), América (Bolivia, Guatemala, Canadá, USA) Groenlandia y Siria entre otros países. En sus imágenes de la naturaleza se aprecia la piel de la Tierra, en sus múltiples formas, desde un punto de vista en el que lo primordial no es tanto el conocimiento como la emoción al contemplar la desnudez del planeta «Se trata de acercarse al paisaje de una manera diferente, más abstracta, ajena en lo posible a la mano del hombre. De ahí el constante estudio y búsqueda de nuevas perspectivas y composiciones en los distintos escenarios visitados por el autor durante viajes y estancias por los cinco continentes»

Interesado por el retrato, en sus reportajes de viaje traslada su mirada hasta las personas que habitan los diferentes países que visita pasando del color al blanco y negro de una manera natural provocando el encuentro directo con la gente a la que fotografía. Ha expuesto en Madrid, Lisboa, Córdoba, Marbella y Jerez así romo en Photoespaña. Entre sus publicaciones «Antigua» Turner, 2021, “Madame Chi” La Cama Sol, 2020 “Siria» La Fábrica, 2019 “Surcos” La Fábrica, 2018; “La mirada cercana”, El Mundo, 2017; Baroque, La Fábrica, 2017 y “Gea”, La Fábrica, 2017. Su visita a Málaga para presentar la exposición Siria eterna, en la que nos muestra lugares que ya han sido destruidos por la guerra nos ofrece la oportunidad de hacerle unas preguntas.

SFM: El estilo de sus fotografías en la exposición «Siria Eterna» es muy distinto del de sus otros proyectos ¿cómo surgió la idea de viajar a Siria y fotografiar sus monumentos y su historia?

– Siria era una vieja obsesión. Traía a mi memoria muchos mitos y lecturas juveniles. Las Cruzadas y el libro de Steven Runciman; la arqueología de «Dioses, Tumbas y Sabios» de W. Ceram; los viajes de Marco Polo; Alejandro Magno; el Imperio Romano; los Omeyas; la ruta de las caravanas y de la seda; las 1001 noches. Pocos lugares en el mundo reunían tantos elementos comunes a nuestra cultura, y a la de toda la civilización occidental. Tuve la fortuna de visitar esos lugares apenas un año antes de que empezara la guerra, y de disponer de tiempo para recorrerla con calma y con un magnifico guía.

En un principio no pensaba publicar mis fotografías, pero al contemplar los horrores del conflicto, la barbarie del Daesh, y la devastación de un patrimonio que pertenece a toda la humanidad, decidí trabajar en este proyecto, como alegato por la paz, la belleza y la cultura, conservar lo que ya no existe para que fuera recordado en su plenitud, y no como un montón de escombros salpicado de cadáveres.

SFM: En este proyecto todas las imágenes, a diferencia de sus fotos de naturaleza, son en blanco y negro ¿cree que en este caso el color habría perjudicado el interés del reportaje?

– Siempre he evitado encasillarme en un estilo o en una temática. La fotografía es curiosidad, es exploración constante sin barreras. Creo que el reto de un fotógrafo es enfrentarse a todas ellas, con mayor o menor éxito evidentemente, pero poniendo su mirada al servicio de todo y de todos. Me importa hacer fotos que me salgan de dentro, utilizando cualquier formato o método. No es fácil prescindir del color en la fotografía de naturaleza, pero me siento más cómodo utilizando el blanco y negro en un retrato, o en una escena con seres humanos, para que nada nos distraiga de la profundidad emotiva de sus gestos. La realidad que rodea a las personas se difumina en los tonos negros, y nos acercamos más fácilmente a su vida interior, donde nuestros sentimientos se mezclan mejor con el retratado. En los monumentos ocurre algo similar. Las emociones surgen con más fuerza de los juegos de luz y contrastes, de las líneas y formas, ya sean clásicas o barrocas, no tanto del color, que puede desconcentrar. La armonía y la perfección de esas ruinas no necesita de una gama cromática paro hacer volar nuestra imaginación, o expresar los sentimientos del fotógrafo.

SFM: Después de su viaje a Siria ¿tiene la impresión de que el fotógrafo se está convirtiendo en un notario de unas realidades que desaparecen?

– Hay que ir más lejos. Acercarse a la grandeza con el único ánimo de levantar acta de lo que tenemos ante nosotros, acabaría convirtiéndose en algo mecánico y superficial, una rutina, el certificado burocrático de una experiencia. Se trata también de dar cauce a lo que el fotógrafo siente por dentro, a sus circunstancias, a la carga emocional y afectiva que le sugiere lo que está viendo. Documentar su sensibilidad. Tras su intervención personal la fotografía tiene que ser una caja de resonancia independiente de la realidad que la inspira y emprender una vida propia, provista de un mensaje que perdure. De ahí el nombre de Siria Eterna, la magnitud de lo que significan esas culturas supera incluso su permanencia física. Alguien dijo que la fotografía es en gran medida un arte de supervivencia y no puedo estar más de acuerdo.

SFM: ¿Cree que algunos de los lugares devastadas por las últimas guerras se convertirán en destinos de turismo bélico?

– Si recordamos esos lugares sólo como escenario del horror y no por su aportación a la civilización universal, esa sería la gran victoria de quienes han llevado a Siria al desastre. El respeto y apoyo al pueblo sirio, a los miles muertos y desplazados, se cimenta también en la admiración por su pasado.

SFM: En sus fotografías de paisaje da la impresión de que pinta con su cámara de la misma manera que un artista pinta con sus pinceles, poniendo una especial atención en los elementos primarios de la naturaleza ¿intenta captar una especie de desnudez del paisaje?

– El fotógrafo siente la necesidad de compartir su particular visión del entorno que nos rodea y para plasmarla se sirve de una cámara, de la velocidad de obturación, la apertura del diafragma, o del encuadre. Mientras que un pintor lo hace del pincel, las pinturas o el lienzo. Detrás de ambos, está su pasión, su instinto, su sensibilidad, sus circunstancias, el mensaje, la creatividad humana. Somos complementarios, pero distintos. Para empezar y a diferencia de los pintores, los fotógrafos tenemos menos tiempo para alinear cabeza, ojo y corazón. Es verdad que me interesa el detalle, la esencia, o la desnudez en la naturaleza. Las tomas parciales no mutilan o trivializan la belleza natural, ni son una verdad a medias. Los detalles que llaman nuestra atención permiten a menudo transmitir más fácilmente las profundas sensaciones que sentimos. Se trata de representarla de otra forma, captando su propio instante decisivo en los detalles. Mediante encuadres cerrados se resaltan las señas de identidad más sutiles, lo singular. Se descontextualizan los horizontes, los grandes escenarios naturales, se borran las referencias. La situación o lugar donde se encuentra el espacio fotografiado es irrelevante. De esta forma las fotos desafían nuestras ideas o imágenes preconcebidas sobre la supuesta apariencia objetiva de los elementos de la naturaleza; sobre el tamaño de las cosas, su peso y dureza. Y el espectador; en fin, tiene la oportunidad de dejara un lado su obsesión por identificar lo que ve y concentrarse en lo que siente, en la vivencia que el fotógrafo busca compartir sin depender de filtros racionales.

SFM: Algunas de sus imágenes de paisajes tienen un gran componente orgánico, en Aigües Tortes algunas fotografías, muy sensuales, parecen una piel humana ¿cómo se desarrolla una mirada capaz de captar esos matices?

– En primer lugar ejercitando tu propia libertad creada evitando los encuadres naturales «que son o deben ser’: Si te dejas llevar por conceptos preestablecidos, río, montaña, árbol etc… estás perdido. Somos creadores de metáforas, de percepciones. Intento plasmar lo que personalmente percibo ante un motivo. Percepción antes que conocimiento, emoción antes que razón. En segundo lugar, mediante la lectura. No sólo de libros de fotografía, sino en sentido amplio, educando la imaginación. Personalmente la poesía me ha ayudado mucho en ese sentido.

SFM: Sus fotografías de naturaleza están compuestas, de manera frecuente, como cuadros impresionistas o expresionistas ¿hasta qué punto influye la pintura en su forma de componer?

– Cuando hablamos de intuición, de visión interior, de expresar los sentimientos del fotógrafo y de esquivar una supuesta descripción objetiva de la realidad, es lógico evocar sobre todo, al movimiento expresionista, y no sólo en la pintura. Ser expresionista es en la práctica adoptar una actitud vital que no tiene época ni nacionalidad. Para mí, lo importante del expresionismo en relación con la fotografía de naturaleza es, una vez más, la primacía de lo subjetivo, de la mirada e imaginación del fotógrafo, de su intento de involucrar al espectador y no ser una mera prueba testifical del entorno. Se trata de excitar su capacidad de percepción con la multitud de variantes que ofrece de por sí la naturaleza, darle la oportunidad de dejar a un lado la  rutina de identificar lo que ve, y de concentrarse en lo que siente, compartiendo lo que siente el fotógrafo. Es verdad que, en parte, se renuncia al objeto reconocible ya las perspectivas convencionales, asumiendo el riesgo de que la fotografía pueda perder su sentido físico y tender a lo pictórico. Pero la realidad no deja de estar representada porque no sea posible vincularla a su forma más reconocida. Y para ello no hace falta apartarse por completo de la misma, ni eliminar la figuración, ni deformar o descomponer sus elementos. Las líneas, formas, volúmenes y colores son suficientes para abrir mundos nuevos y expresar y compartir la identidad visual y las emociones del fotógrafo.

SFM: Tiene usted relación con diferentes disciplinas artísticas, pintura, escultura, cine… ¿se considera un artista ecléctico?

– Me considero un fotógrafo enfermizamente curioso, con ganas de expresar ideas, transmitir emociones, y compartir mi particular visión del mundo. En eso no difiero gran cosa de cualquier otro artista. Pero esa curiosidad e interés me lleva a acercarme a otras disciplinas de las que siempre se aprende algo nuevo. No sé si el término «ecléctico” es el adecuado para describir mi sensación de estar en proceso de formación permanente.

SFM: ¿En qué sentido le beneficia, como fotógrafo, su relación con el mundo del arte?

– Es fundamental. Todas las disciplinas artísticas aportan diferentes formas de acercarse a la realidad que nos rodea. La filosofía detrás de cada movimiento artístico ayuda a descubrir nuevas perspectivas o, incluso, a expresar mejor tu propia percepción del mundo. Hay que mantenerse no sólo al día de las nuevas tendencias, sino también instruirse y profundizar en la historia del arte. Es enormemente enriquecedor. Para mí ha sido esencial estudiar a fondo las vanguardias y, como dije, la poesía como medio para compartir los sentimientos propios.

SFM: ¿Es el fotolibro el libro de autor del fotógrafo actual?

– Depende del editor gráfico!!! Pero sí, probablemente. Lo que está claro es que se trata de un producto individualmente considerado, que trasciende a las fotografías que contiene. El formato, la edición, el papel, la ordenación de las fotos, la narrativa visual conforman un todo mucho más complejo que lo que transmite cada foto. El libro es el medio, no la foto. Incluso el texto debe ceder ante esa visión o impresión de conjunto. Cuanta menos explicación escrita, mejor. No se trata de contar las fotos, ni siquiera lo historia que subyace en el foto-libro, sino de transmitir emociones y hacer que sea el espectador quien interprete, quien descubra los mensajes desde su subjetividad. Por eso me gusta incluir poemas en mis libros. Se apartan de la descripción supuestamente objetiva de las fotos y provocan la imaginación, las sensaciones íntimas que es lo que realmente he querido compartir como fotógrafo.

SFM: ¿Nos puede hablar de su equipo fotográfico en los viajes? ¿Utiliza drones para ob-tener algunas de sus imágenes?

– No he utilizado drones, reconozco sus ventajas pero me producen algo de rechazo. Me sentiría raro sin una cámara en las manos. Quizás soy un romántico. Utilizo cámaras Canon, en particular la 5D SR, e intento limitar al máximo el resto del equipo, un 24/70, un 70/200, ambos 2.8, y ocasionalmente un macro o un duplicador. Tampoco soy muy de trípode a pesar de las broncas de mis compañeros. Lo suelo llevar de todas formas.

SFM: ¿Qué países le han causado mayor impresión?

– Hay que distinguir si hablamos de naturaleza o de culturas. En el primer caso, el mundo del hielo siempre me ha atraído. Alaska, la alta montaña, el Himalaya, Groenlandia, el Paine, los glaciares….. También los países de fuerte componente volcánico; Islandia, los Andes, por supuesto las Canarias. Hay tanto que es muy difícil elegir, depende también de tu circunstancia vital en ese momento. Tu sensibilidad varía y te hace ser especialmente influenciable según te encuentres. Y si hablamos de culturas, el pasado religioso de los pueblos tiene gran trascendencia. Ver cómo se mantienen creencias y tradiciones que contradicen lo que entendemos por mundo moderno me parece apasionante. Tibet, nuestro legado americano, la India, Oriente en general. Y, como no, el legado grecorromano. Al fin y al cabo, unir este legado a nuestro acervo judeo-cristiano es inevitable para mí. Oriente medio, Siria en particular, Italia, Israel o el Egeo son destinos habituales en mis viajes.

SFM: Próximos destinos…

– La pandemia hace muy difícil viajar. Desde hace años estoy preparando un libro sobre los grandes enclaves naturales de España. En la medida en que lo permitan las restricciones iré completando los lugares que me faltan. Es increíble lo mucho que tenemos en nuestro país, mucho que aprender y visitar, y sin embargo solemos dar prioridad a los viajes al extranjero. No hay tanto que envidiar.

SFM: Antes de finalizar esta entrevista, ¿alguna cosa que se nos queda en el tintero y que le gustaría transmitirnos?

– Quizás como colofón, recordar una frase de Ralph Giban que resume bastante lo dicho: «Se trata de representar sentimientos y experiencias que eluden la habilidad de las palabras para describirías. Los ojos la tienen, y la imaginación siempre se elevará más allá de lo esperado.

 

Fuente Original del artículo: IR
Revista SFM nº0 – Enero a Junio de 2021,
páginas 82 y 93