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Eternamente Siria

La fotógrafa Gisèle Freund (Berlín 1908 – París 2000) una de las pioneras del fotoperiodismo, y escritora de importantes textos sobre fotografía, escribió: gracias a la fotografía se abrió una ventana al mundo. A un mundo lleno de guerras e injusticias que la fotografía y el fotógrafo empezaron a visibilizar, y de ese modo, tal vez sin saberlo, a denunciar.

La serie fotográfica que a continuación os presento, Siria, y cuyo nombre, tal vez sin querer, nos evoque la guerra, es como bien dijo Freund, una ventana al mundo, a un mundo de guerras, pero en este caso, este trabajo es también, y por contradictorio que parezca, una ventana a su contrario, a la paz. Es una ventana al lirismo, a la belleza, al recuerdo. A la nostalgia o la melancolía que genera saber que algo fue y ya no será, más que en nuestra memoria.

Siria es una historia de viajes que comienza en la primavera de 2009, cuando su autor, Pío Cabanillas viaja al país y, cámara en mano, captura momentos de la vida cotidiana de Palmira, el Crac de los Caballeros, San Simeón, Hama, Aphamea, Damasco, Bosra o Alepo, pero sobre todo, inmortaliza también todo ese patrimonio -no solo sirio, sino de la humanidad- de monumentos y paisajes de ruinas que hoy ha quedado devastado (si no todo, la inmensa mayoría) por la guerra. Podría haber fotografiado muchas otras cosas, el taller de un artesano, un mercado, haber profundizado tal vez en las costumbres locales, pero por algún motivo, tal vez guiado por una especie de premonición o dejándose llevar por ese aura romántico que envuelve esos parajes en apariencia solitarios y olvidados, prefirió inmortalizar éstos.

Cuando uno ve estas fotografías le invade una sensación de melancolía muy grande, no solo por la realidad que soporta lo inmortalizado en ellas -es inevitable pensar que todo ese patrimonio ya no existe por las peores de las razones que se pueden dar en la vida, una guerra-, sino también por el significado iconográfico heredado del movimiento romántico en el cual, las ruinas, protagonistas por antonomasia de la serie, siempre han estado asociadas a la melancolía. Fue Georg Simmel (filósofo y sociólogo 1858-1918), quien estableció una comparación entre la ruina y la melancolía como símbolo de la muerte y la decadencia, es decir, no sólo es una cualidad estética, sino un estado de ánimo -propio de la moda romántica desde finales del XVIII a mediados del XIX-. Además, el carácter decadente de las ruinas no hace otra cosa más que recordarnos el inevitable paso del tiempo, la fugacidad o lo efímero de las cosas. Si a todo esto le sumamos, que las fotografías están tratadas en blanco y negro, lo cual les confiere una sensación de atemporalidad, hace que todas esas sensaciones se vean reforzadas y lo retratado adquiera un aire de inmortalidad.

La arquitectura de ruina, además de estar asociada a estas cualidades y simbologías heredadas del romanticismo, ha tenido también -desde el siglo XIX- la finalidad de documentar, a modo de crónica de guerra, los hechos que acontecían en las ciudades (me viene a la memoria, por ejemplo, Las Ruinas de Zaragoza, que ponían de manifiesto los hechos acontecidos durante el Primer Sitio de Zaragoza por los franceses en1808). Siguiendo con esta tradición histórica de documentar, de denunciar, a través de las imágenes de ruinas, me quedo con Siria, de Pío Cabanillas, no como una crónica de guerra, sino como un alegato a la paz, a la belleza y a la cultura recordando que frente a las enorme pérdidas en vidas y legado artístico, la barbarie nunca podrá borrar de la memoria la grandeza de un pueblo y de las civilizaciones que allí se asentaron.

Siria. Fotolibro

Siria cuenta con un fotolibro editado por La Fábrica. En él se recogen ochenta y cinco imágenes divididas en ocho capítulos, cada uno de ellos dedicado a una ciudad: Palmira, Crac de los Caballeros, San Simeón, Hama, Aphamea, Damasco, Bosra y Alepo. En el fotolibro, las imágenes dialogan con poemas de autores sirios, seleccionados por Jaafar Al Aluni, y muchos de ellos han sido traducidos por primera vez al español. Los versos evocan el mundo épico de Gilgamés y Hammurabi, la memoria de las piedras, el poder de la palabra, o el primer poema de amor en Sumeria, por lo tanto, todo esto en su conjunto, conforman un retrato íntimo del país.

Y ya que Siria es una historia de viajes, el fotolibro no podía empezar de otra manera, con las palabras de otro viajero, Mark Twain quien en 1867 viajó por varios países del Mediterráneo, entre ellos Siria, y con sus palabras ya afianzaba ese carácter inmortal: Damasco ha visto todo lo que ha ocurrido en el mundo, y aún sigue viva. […] Aunque otra reclame el nombre, la vieja Damasco es, por derecho propio la Ciudad Eterna.

En 2019 Siria ha podido verse en Casa Árabe, y en La Fábrica en el marco del Festival Off PhotoEspaña 2019.

 

Por Victoria Arribas Roldán.
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