Surcos


La filosofía de Surcos es sencilla: descontextualizar, abstraer y reflejar la belleza y los detalles en las formas, líneas y surcos de la naturaleza.

A través de encuadres generalmente cerrados se trata de crear y transmitir emociones, de demostrar que es posible una multiplicidad de perspectivas de nuestro entorno, de evitar que la fotografía de paisaje se convierta en un mero acta, supuestamente objetivo. Surcos es expresión abstracta con trazos pictóricos. No interesa que se sepa qué lugar o motivo se enfoca, ni el tamaño, peso o distancias, sino subrayar el capricho de líneas, color y texturas, abstrayéndose en el detalle de las formas de todo lo que nos rodea. 

En “Surcos” el protagonismo es para las hendiduras, las dunas, los valles, barrancos, y grietas, que de alguna manera constituyen las arrugas de la naturaleza. Pero subrayando la paradoja de que, igual que como humanos, solemos asociar el concepto de arruga al de vejez, a la fatalidad, o lo permanente, en el caso de la naturaleza los surcos está más unidos a la idea de atemporalidad, al cambio constante, a lo transitorio, que a la idea de decadencia o de final. Un surco en el paisaje es como un gesto en un retrato, hay que “robarlo”, tiene su “instante decisivo”, sólo que el instante en la naturaleza se mide diferente en el tiempo. Las dunas se mueven en una noche, los ríos, los deltas y sus valles cambian de curso, el fondo del mar también, incluso las cordilleras y sus volcanes son mutables por definición. En la naturaleza la edad es cambio y movimiento sin fin, en el hombre es quietud.