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Decía Ansel Adams que “la fotografía del paisaje es la prueba suprema del fotógrafo, y a menudo la decepción suprema”. Y es que la belleza de la naturaleza depende en parte del paisaje pero también  de quien la plasma y de quien la contempla.

El paisaje se nos aparece diferente según cada hebra de hierba, cada grano de arena, cada hoja caída o cada alma en él atrapada. Y así lo han entendido los cuatro fotógrafos que en estos días exponen su obra en la galería Espacio Mados adherida al Festival PHotoEspaña a través del Festival OFF, que es al que dan lugar las distintas galerías que pululan por los rincones de Madrid conformando una tela de araña que te atrapa en la contemplación del trabajo de muy variados fotógrafos.

María Antonia García de la Vega, Pío Cabanillas, Belén Serrano y Jesús Labandeira comisariados por Miguel Cereceda, reparten su obra por las salas de la galería mostrándonos su particular interpretación de lo que cada uno de ellos considera el paisaje. Yo no lo llamaría visión, porque no se trata de revelar un mismo lugar con miradas diferentes, sino por el contrario diferentes lugares, diferentes matices de lo que naturaleza tiene a bien ofrecernos.
© María Antonia García de la Vega
María Antonia nos muestra parte de su trabajo Memorandum Natura, con una serie de imágenes sobre bosques en las que la magia de la luz, con las brumas del amanecer o las intrincadas texturas de los árboles nos transmiten una serena y a la vez inquietante sensación de recogimiento no exenta de misterio, porque un bosque puede resultar a la vez tenebroso y plácido y representa la más ancestral de las relaciones entre el hombre y la naturaleza.
© Pío Cabanillas
Si las imágenes de María Antonia García de la Vega inducen al recogimiento, las de Pío Cabanillas nos convierten en seres ínfimos, diminutos por comparación con la vastedad de la naturaleza en la que la vista se pierde en el horizonte para seguir contemplando un mar de hielo hasta un punto indefinido en el horizonte. Sus fotografías cumplen la primera condición del paisaje que es su capacidad de decir casi todo sin una sola palabra.
© Belén Serrano
Si bien en un primer golpe de vista podríamos considerar la fotografía de Belén Serrano como fotografía de viaje, enseguida nos damos cuenta de que sus imágenes van mucho más allá. Yo diría que se trata de paisajes con figura, donde el elemento humano constituye una referencia para la vista y sirve de punto de partida al ojo para explorar el resto de la imagen. Una extensión de agua con un baobab a lo lejos y un individuo en primer plano pueden parecer a aquellos puristas que buscan solo la representación de la naturaleza para enmarcar un paisaje algo ambiguos, pero no lo es, porque en realidad el individuo no importa, es solo una parte más del escenario, es el contrapunto del ecosistema que nos rodea y en el que de alguna manera debemos encajar.
© Jesús Labandeira
Jesús Labandeira es para mí el más desconocido de los fotógrafos que forman esta tetralogía. Sus imágenes, pequeñas en tamaño pero no en contenido con respecto a las de los demás miembros del equipo, invitan a la reflexión, te transportan a un mundo tal vez soñado, con un punto onírico en el que el paisaje se diluye para dar cabida a algo más en que otros factores de la naturaleza, caballos, pájaros, o incluso representaciones animales recortadas sobre el horizonte, se entremezclan con líneas sinuosas grabadas sobre el suelo de los campos. Si las fotografías de Pío, Belén o María Antonia nos hacen mirar hacia afuera, las de Labandeira nos obligan a una mirada interior en la que el artista desnuda un trocito de si mismo.
Las cuatro colecciones mostradas siendo totalmente diferentes nos recrean un universo de emociones en las que el paisaje se muestra como fiel reflejo del yo interior de quienes lo capturan, porque el paisaje en realidad no deja de ser un verso libre esperando al poeta que sepa interpretarlo.

 

Artículo original: Leer
Por: Melchita
Fecha: 3/06/2022