S

Siria Eterna, por Pío Cabanillas para ICPM

El 6 de Marzo de 2011, unos adolescentes que habían pintado consignas revolucionarias en un muro escolar de la ciudad de Deraa, fueron arrestados y torturados por las fuerzas de seguridad. Las protestas inspiradas en los sucesos de la denominada Primavera Árabe, se generalizaron por todo el país y desembocaron en un conflicto civil, religioso e internacional que ha arrasado Siria y al que, más allá de la lucha armada, es difícil ver un final.

Medio millón de muertos, más de cinco millones de desplazados hacinados en campos de concentración o vagando por el mundo en busca de una nueva vida, 13 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria, de los que cinco millones son niños, y un patrimonio cultural devastado, monumentos únicos, museos, palacios y cascos históricos irrepetibles, son hoy una montaña de escombros víctima de la sinrazón y la brutalidad.
Ese es el dantesco legado de esta guerra dentro de otras guerras.

Tuve la fortuna de viajar allí con mi cámara año y medio antes de que comenzara el conflicto. Acompañado por un profesor de la universidad de Alepo seguí las huellas durante semanas de nabateos, cananeos, persas, griegos, romanos, bizantinos, turcos, árabes, judíos y cristianos. Pocos lugares en el mundo concentraban un tesoro cultural tan rico y variado.

Mi maestro hablaba desde la admiración y el respeto por cada una de esas civilizaciones, de cada una de las religiones que profesaban. Me explicaba apasionadamente la historia de cada sitio arqueológico, de cada piedra, y sentía como propio, como parte de su identidad, todo lo allí reflejando. Era un hombre orgulloso de su pasando, de todo su pasado sin excepción.

Al despedirme en el aeropuerto me dijo, apesadumbrado, algo que no supe calibrar entonces: “espero que recuerde mi país, quizás sea de los últimos en verlo así.” Seguimos en contacto unos meses hasta que desapareció, como las ruinas que me había enseñado con tanto orgullo, en el horror de una guerra despiadada. Fue entonces, tras las primeras voladuras del Daesch, cuando decidí trabajar en este proyecto, el libro publicado por La Fábrica y la exposición itinerante.

En su honor y en el del país que tanto veneraba. Hacer público lo que ya no existe físicamente para que así sea recordado y no como el montón de ruinas salpicado de cadáveres goteado por los medios de comunicación.

 El trabajo es un alegato en favor de la paz, la belleza y la cultura, porque la barbarie nunca podrá borrar de la memoria la grandeza de un pueblo y de las civilizaciones que allí se asentaron. Debemos evitar quedarnos sólo en lo brutal, en lo salvajemente anecdótico, presentando los lugares como el escenario del horror, y olvidando proclamar el increíble crisol de culturas que albergaban esos territorios. Es un alegato sin ambición científica alguna, centrado en las emociones que me produjo esa tierra. Y lo he hecho como fotógrafo porque la fotografía es, precisamente, un arte de supervivencia.

Y es un alegato en favor de una cultura común. Siria es parte también de nuestra historia y nuestras raíces. Las cruzadas, los viajes de Marco Polo, Alejandro Magno, Roma, la ruta de las caravanas y de la seda, las 1001 noches. Al fotografiar Palmira, Aphamea, la fortaleza de Alepo, el Crac de los Caballeros, las mezquitas omeyas o la tumba del Bautista, el fotógrafo ilustra no sólo el pasado de esas tierras, sino que representa nuestros orígenes y el de toda la civilización occidental.

La belleza de los monumentos que acompañan este artículo, expresa una definición de armonía, de perfección, a veces sobria y austera, y a veces sorprendentemente barroca. Estructuras, formas y texturas, líneas, luces y sombras se convertían en el marco ideal para compartir mis inquietudes como fotógrafo, compartir esa visión, esa experiencia, busca la empatía con el espectador, involucrarle y hacerle beligerante en el recuerdo, sin ser una mera prueba testifical del entorno. No se trata de ser notario del antes y el después sino de mantener viva la memoria.

 En palabras de Ralph Gibson “Se trata de representar sentimientos y experiencias que eluden la habilidad de las palabras para describirlas. Los ojos la tienen, y la imaginación siempre se elevará más allá de lo esperado”.

Eso es lo que he buscado con estas fotos, transmitir lo que esas piedras me hicieron sentir, y compartir esa emoción, a un tiempo desde la rabia, la admiración y el orgullo.

Fuente Original del artículo: IR
Revista ICPM nº54 – Nueva Época – 1er trimestre de 2021, páginas 33 y 34